REVIEWS: Viajes por Scriptorium



Míster Blank vive en un estado amnésico, perdido entre el ejército de espectros que desfilan por su mente. Míster Blank está encerrado en una habitación, no sabe quién es ni cómo llegó allí. En la habitación hay un escritorio, sobre el escritorio hay una pila de manuscritos y de fotografías.
Míster Blank debe analizar cuidadosamente cada pista e intentar descifrar su situación actual. Mientras «resuelve» el puzzle que comprende su historia, será visitado por diferentes personajes, que aunque no recuerda del todo le resultan vagamente familiares y despiertan en él un implacable sentimiento de culpa y al mismo tiempo la sensación de ser víctima de una terrible injusticia. Míster Blank no se da por vencido y busca respuesta a las preguntas que lo atormentan: ¿Quién es realmente? ¿Por qué lo tienen encerrado? ¿Cuál es su relación con los personajes que lo visitan? ¿Qué hizo? En un momento de libro su abogado le dice: «no pretendo asustarlo Míster Blank, pero alguien ha llegado al punto de proponer lo siguiente: se le arrastrará por la calle hasta el lugar de la ejecución, donde se le colgará y se le despellejará vivo, y después se le abrirá en canal, se le arrancará el corazón y las tripas, se le cercenarán sus partes pudendas y se arrojarán al fuego al frente de su vista...». Míster Blank tendrá que enfrentar los fantasmas de su pasado para hallar la verdad. En el universo de Auster la mayoría de novelas se conectan entre sí, de «x» o «y» forma van de la mano. Viajes por el Scriptorium no es la excepción y de hecho está bastante cargada de referencias a la obra «austeriana» podría decirse incluso que está constituida en torno a ello, lo que la hace un tanto compleja por el juego intertextual que supone y los elementos metaliterarios que buscan una suerte de reflexión sobre lo que representa Míster Blank, que a mi modo de ver se trataría del mismísimo Paul Auster víctima de su obra, pero que tampoco exige si no quieres ver más allá de lo escrito. En fin, todo un deleite para los seguidores del escritor neoyorquino. Recomiendo a quien haya leído sus predecesoras, lo disfrutará mucho más. 185 páginas en Anagrama. 

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